PUERTO RICO Y LA FALTA DE UN CONTRATO SOCIAL: UNA CUESTIÓN URGENTE

Discurso publicado por Fundación Luis Muñoz Marín, como parte de la conmemoración del natalicio de Luis Muñoz Rivera (16 de julio de 2012).

César A. Rey Hernández, Ph. D.
Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico

“Una gran nación debe ser medida por lo que hace por sus niños y adolescentes y no por el Producto Interior Bruto”, Dilma Rousseff, Presidenta de Brasil.

I. Introducción:
Es motivo de mucho orgullo y honor estar en esta tribuna patria, por la que han desfilado distinguidos puertorriqueños y puertorriqueñas, la misma que nos ha servido de Ágora para nuestro quehacer social en tantos momentos históricos. Mi reto frente a ustedes será ofrecer un retrato de un Puerto Rico que es invisible para muchos y que por razones que podremos abundar mas adelante, nos hace cómplice de esta realidad. Acabo de leer un libro, obsequio de una querida amiga, cuyos autores son Christensen y Eyring (2012) en el que sus autores, nos recuerdan que las “organizaciones y las sociedades son organismos vivos, ellos buscan no solamente sobrevivir, pero crecer también.” Justo en esa coyuntura es que sugiero iniciemos nuestro repaso del País.
Puerto Rico está estancando en una lucha por la sobrevivencia de un modelo socioeconómico agotado en mas de un sentido y con una profunda crisis social. Un País que nos exige que definamos prioridades en política pública y busquemos soluciones radicales, inclusivas y atrevidas a conflictos sociales y económicos definitorios de un nuevo modelo que rompa con el perenne temor en el que vivimos. Nuestros quebrantos son de carácter material tanto como espiritual y eso hace del contrato social, uno vulnerable.

Nos tenemos que armar de una nueva ilusión en el país y para eso tenemos que reeducarnos todos en aras de recuperar la confianza que como pueblo hemos ganado a través de nuestra historia. Como dice aquel proverbio africano ( ghanés) “ busca tus raíces para reclamar tu futuro. ” Tenemos que convocarnos hacia un proyecto nacional sensato, alcanzable y optimista que nos permita crecer como sociedad. Tenemos que combatir las nostalgias de una sociedad que fue pero que no volverá a repetirse en sus dimensiones conocidas. De hecho, esa es una de las grandes enseñanzas de Muñoz Rivera quien supo leer correctamente los signos de los tiempos y pudo interpretar el evangelio de su gente en su momento histórico.

Con esa misma encomienda y con la misma intensidad tenemos hoy que combatir la sociedad light, aquella donde todo se pretende resolver con soluciones almibaradas y rápidas, como un cuento de ficción de Jacob y Wilhelm Grimm (autores de Blanca Nieves) , donde el producto es fantasioso y de fácil de acceso: lo consumes y con la misma facilidad lo desechas. Así hace Puerto Rico muchas veces con las ideas, los proyectos, los niños/as, nuestros viejos/as, los educadores, los migrantes, los pobres entre otros. Estamos entrampados y adormecidos en la vida fácil. Priorizamos de manera inmediata desde la perspectiva valorativa más pre-juiciada y con el desdén de que nada es importante. Irónicamente, en esta sociedad del conocimiento que supone la tan renombrada globalización, el propio conocimiento, que debería estar privilegiado en su posicionamiento social, queda marginado. De hecho, nuestra sociedad ha sustituido el conocimiento por la caricatura del análisis social y la improvisación del performance mediático con superficialidad farandulera. Esos son lo nuevos hechiceros de la realidad social de nuestro País.

En tal sentido, la urgente formulación de una propuesta de un nuevo contrato social que retome la mesa grande, democrática y de inclusión, es lo que debe ser nuestro proyecto prioritario, una casa de encuentro para reclamar un mejor futuro.

II. El País y su retrato social
Nuestra sociedad requiere una revisión de su estado de situación y de este esquema fisurado de su ingobernabilidad. Un país que tiene 56% de sus niños y jóvenes menores de 18 años bajo los niveles de pobreza, que su nivel de dependencia del estado benefactor ronda en el 50% , que solo el 30 % de su fuerza laboral esta activa, algo tiene dislocado en su tuétano como sociedad. En Puerto Rico el presupuesto del Departamento de Educación es equivalente al presupuesto que generan los puntos de drogas de este País (4 mil millones de dólares anualmente). Peor aún, en nuestra nación, los mayores activos en los puntos de drogas son menores de 18 años, ( casi el 80 % de los puntos de drogas en nuestro País tienen presencia de menores de 18 años) y tal vez sea el único país de nuestro hemisferio, donde hay mas puntos de drogas que escuelas ( 1,600 puntos de drogas vs. 1,450 escuelas) y casi tantos empleos generados por la economía ilegal de drogas como los empleos generados por la economía formal de la administración central de gobierno (175,000 vs. 190,000).

Con este telón de fondo, lo que está en juego en nuestro Puerto Rico es como salvar el contrato social quebrantado por un mal manejo de riquezas, consumo, valores y provocar una sociedad para que sea mas justa y por ende equitativa y democrática. La eficiencia que tanto se pregona cuando se hace referencia al servicio público, tiene que estar enmarcada en la equidad tanto como en su justicia. La sociedad será funcional en la medida que el estado/gobierno vele por esos principios como razón de ser de una política pública.

Con un escenario como el que acabo de describir, el atentado principal al contrato social tiene que ver con la injusticia y la inequidad, bases de cualquier proyecto de democracia y de futuro. Nuestro País perdió hace tiempo el rumbo de un proyecto nacional, el mismo que otrora nos orientó por varias décadas. No reclamo de manera nostálgica lo que ya hace rato debíamos haber superado, propongo a cambio un encuentro social que tiene que ver con la formulación de un proyecto que resulte en una transformación de paradigmas y nos devuelva la dignidad del trabajo, una sociedad mas civilizada en su comportamiento social, que promueva al mismo tiempo el empresarismo, y la ingeniosidad, así como el orgullo de nación y nos contagie hacia un proyecto de futuro sustentable, estético y de respeto a nuestra identidad como pueblo. Algo similar se elaboró hace unas décadas con sus aciertos y sus errores, pero ciertamente apostó a un contrato social mas equitativo y democrático que reivindicó ese momento histórico.

Hoy la historia, una vez mas, nos pone en una encrucijada que tenemos que superar y salir triunfante de ella. Cada día se evidencia, no sólo en Puerto Rico sino en el mundo, que aquellos que tenían la exclusividad de la representación social, ya no tienen la misma convocatoria. Hay un agotamiento de representatividades en las estructuras tradicionales como los son el gobierno, los partidos, entre otros y por tanto, los espacios públicos tienen que ser recapturados con imaginación y nuevos protagonistas que tengan la fuerza civil, ética y moral necesaria para legitimarse. No podemos permitir que un “lumpenato” muy coyuntural y advenedizo, se adueñen de nuestro País. Nuevos y viejos actores sociales tienen que buscar nuevos aliados en esas avenidas de la convergencias y validar aquellos espacios donde todos los días se logren éxitos en nuestro avance como sociedad. Esos grupos de organizaciones comunitarias, organizaciones sin fines de lucro y cuerpos de voluntarios, al igual que sectores sindicales, tienen la autenticidad y la capacidad de armar nuevos espacios de encuentros y son los llamados a construir esa gobernabilidad.

Mi experiencia en distintos escenarios de trabajo profesional en la vida pública y privada apuntan a la creatividad y compromiso de la diversidad de los actores sociales y su inclusión para gestar esa gobernabilidad a la que hemos estado haciendo referencia. El estado benefactor de antaño nos mal acostumbró y seguimos depositando la exclusividad de la confianza en la responsabilidad estatal y esto ya, es insostenible. Tampoco se trata de diluir el estado, que tiene que ser un agente catalítico y fiel de balanza para nuestra sociedad. No obstante, no puede el estado asumir esta responsabilidad de manera exclusiva: la convocatoria para armar nuestro país es de todos y todas.

En ese sentido, nuestro Puerto Rico requiere un nuevo ordenamiento social, donde los elementos de inclusión, respeto, participación y fomento de la paz comunitaria se apoderen de los entornos sociales y se reflejen en las políticas públicas y la administración del País. Hoy todos ellos se encuentran en una dinámica de tensión de nuestra cotidianidad, producto de la intolerancia, los fundamentalismos de todo tipo, la falta de diálogo y las vocaciones hegemónicas de muchos actores de la vida pública y privada. Hay formas diversas de hacer gobernable a Puerto Rico y la única manera de emprender este país hacia el proyecto de lo posible, es a través de la capacitación y concienciación de los distintos sectores que hacen productiva nuestra realidad, tanto en lo económico hasta lo cultural.

III. Nuestros Nin@s y Jóvenes: fantasma de la narco- economía
El conflicto social producto de la pauperización acelerada de estos tiempos, y por ende, la estratificación mas marcada en nuestro País, representa un reto a la imaginación sociológica de nuestros dirigentes. La guerra civil entre nosotros no es una metáfora , es un hecho cuando cada 8 horas se produce un asesinato y cada 36 horas un suicidio ( eso de manera oficial, pues existen manipulaciones estadísticas y utilización de nomenclaturas inadecuadas ). ¿Entonces, en qué País entonces estamos viviendo?

Puerto Rico tiene niñas prostitutas que se comercian desde los 11 años en la clandestinidad de las calles del área metropolitana, o niños gatilleros que comienzan a los 9 años en esa faena , según nos confesó un joven hace dos años, producto de una investigación académica. Compartí con un joven que a sus 15 años ya había experimentado estar en 52 hogares sustitutos, y a su corta edad, reflejaba la laceración de nuestra sociedad que por negligencia institucional demoniza a muchos de nuestros jóvenes más desaventajados. Puerto Rico tiene niñas/mujeres que a los 5 años fueron vendidas, por cien dólares para ser prostituidas y poder pagar el vicio de una madre adicta a las drogas. Entonces, de qué modernidad, desarrollo, o civilidad podemos nosotros presumir, dónde están las políticas publicas articuladas, coherentes, y responsivas a nuestras realidades?

Uno de los retos mas grande que enfrentamos como sociedad, es saber que nuestros niños y nuestros jóvenes están teniendo una mortalidad en su ciclo de vida por una sociedad que no le ha correspondido de la manera mas adecuada y responsable. Me refiero, a un ciclo de vida de algunos de nuestros jóvenes que podría durar 25 años promedio, y que producto de una falta de oportunidades , una economía ilegal persuasiva, de un sistema educativo poco pertinente, una sociedad de adultos que le insufla permanentemente los valores del consumismo, la superficialidad, la agresión, el sexismo, machismo, xenofobias entre otras tantas fobias de la exclusión, los sumerge en una cultura de la violencia. La tragedia de la mal llamada deserción de un 23% en escuela intermedia , abonado a un 17% en los grados 10,11 y 12, nos deja un cuadro de emergencia educativa a nivel social. Como si esto fuera poco, saber que cerca de un 77% de nuestros estudiantes universitarios, de acuerdo a un estudio de College Board de hace unos años, se pierden de los estudios universitarios debido a una interrupción de sus estudios que tiene diversas causas, nos plantea un problema de presente y futuro con la formación del recurso humano, la capacidad de producción y ciertamente la convivencia social que tan lacerada esta en nuestra sociedad.
Puerto Rico tiene de manera oficial un 17 % de desempleo, cifra que sabemos puede multiplicarse a niveles insospechados, pues de la manera que se recoge la cifra determina un por ciento que no necesariamente refleja la realidad. Esto combinado con una economía informal poderosa y necesaria según algunos expertos, de casi un 30%, retrata un país de dudosa solvencia, según publicaba una revista especializada sobre asuntos financieros del Caribe hace unos semanas atrás. Es bueno repasar aquí, que solo la Asociación de Bancos lleva nueve años celebrando seminarios de cómo combatir el lavado de dinero por las implicaciones que tiene todo esta épica de economía subterránea que se ha apoderado de parte de nuestra infraestructura, y que ciertamente convive entre corrupción pública y privada y que no respeta clase social, creencias políticas ni credo social.

Por otro lado, el caldo de cultivo de esta realidad, es que Puerto Rico es un país que mas de un 50 % de su población depende del estado benefactor. Tenemos mínimamente tres generaciones que ha crecido en una dependencia de un estado que según el Centro para la Nueva Economía y el Brookings Institution a una madre soltera con tres hijos le es mas rentable recibir los beneficios del estado que trabajar. Mas aun, un país que tiene a sus viejos en el abandono y sumergidos en la pobreza material y espiritual, que dicho sea de paso, representan el 25 % de nuestra población. De hecho, el 44.0% de la población de 65 años o más se encontraba bajo el nivel de pobreza de acuerdo al Censo. (Censo 2000). Por otro lado, el 72.9% de los hogares donde el jefe de familia es una persona de 65 años o más, cuenta con un ingreso de menos de $20,000 dólares anuales.
El cuadro sociodemográfico reciente, refleja que durante la última década, hemos perdido cerca de 300, 000 puertorriqueños de los cuales se estima que un 45 % de estos migrantes son profesionales, muchos de ellos especialistas en sus áreas de difícil reclutamiento en nuestra sociedad como los son profesionales de la salud.
Todo lo anterior agrupado parecería un cuadro dantesco de la Divina Comedia en donde los círculos del infierno definen de nuestra realidad. No podemos permitir que se apropie de nuestro futuro un proyecto de fatalismo. Todo lo contrario, en nuestra historia hay sobrados ejemplos como el de un Muñoz Rivera, que en su momento histórico lograron combatir la adversidad, aun en los momentos mas tenebrosos de nuestra historia. De ese liderato es que tenemos que reclamar un ejemplo de futuro.

Nuestro País se juega su presente y su futuro en la falta de políticas publicas consensuadas , holísticas, de naturaleza clínica, social y de dimensiones humanistas. Esas carencias lo que refleja es la falta de visión y el poco entendimiento del conflicto en el que vive sumergido el país. Hay que crear una cultura del consenso y la manera más efectiva es apoderando a todos estos nuevos protagonistas sociales y provocando que ese liderato medie en procesos que hasta ahora son cuellos de botella en el adelanto de la causa social.
IV. Retos de la Sociedad Puertorriqueña: un proyecto modelo
En ese contexto, el Puerto Rico posible y al que aspiramos, se logrará solamente si abolimos la actitud de dependencia y paternalismo, si emprendemos y exigimos una visión más integrada para nuestros problemas y retos, y que supere los cuatrienios y la aldea pequeña del inmediatismo. Esta es la base de una planificación a mediano y largo plazo que nos devolverá a unas estructuras mucho más cercanas a los ciudadanos y con la capacidad de ilusionarnos como puertorriqueños frente a un proyecto sensible y sensato para nuestro futuro. Para eso, Puerto Rico:
• Requiere una revisión de su estado de situación y de este esquema quebrantado de su ingobernabilidad para sostener un proyecto de sociedad novel. Irlanda, Finlandia, Corea del Sur y Japón entre otras sociedades, no están a la vanguardia por ser conformistas, sino por su atrevimiento a pensar fuera de la caja de conformidad y de la inseguridad.
• Que nuestros grupos de organizaciones comunitarias, organizaciones no gubernamentales, grupos cívicos, cámaras de comercio e industria y cuerpos de voluntarios, al igual que sindicatos que tienen la autenticidad y la capacidad de armar nuevos espacios de encuentros, sean los llamados a construir esa gobernabilidad.
• El país requiere un nuevo contrato social, sobre bases de un proyecto económico y social de desarrollo sustentable donde los elementos de inclusión, tolerancia, y fomento de la paz se apoderen de los entornos sociales y educativos de nuestro Puerto Rico.
Por ejemplo, Irlanda hace mas de una década se planteó un modelo a seguir de integración de políticas públicas en la administración pública, que conllevó un diálogo nacional entre sectores tan diversos como empresarios, trabajadores de la cultura, académicos, uniones obreras, sectores del capital financiero, organizaciones no gubernamentales y funcionarios de gobierno. El resultado de varios de esos planes se retomó en un emblemático título que enunciaba la convocatoria hacia las nuevas alianzas sociales. La propuesta se propone integrar políticas públicas bajo cuatro grandes rublos: niñez, edad productiva, vejez y discapacitados. La intención es buscar el bienestar de cada una de las poblaciones señaladas, que por definición tiene que ver con la identificación de las agencias y/o entidades que se relacionan con el bienestar de las susodichas poblaciones y provocar una mirada integradora de un plan estratégico que vele por dos fundamentos esenciales: integración de las políticas publicas y la continuidad de propósitos, independientemente de la administración que le corresponda la gestión política coyuntural. En otras palabras, ante la improvisación y reinvención de la rueda cada cuatro años, el país requiere seriedad de propósitos y su fortaleza tiene que emerger de los consensos que nosotros como actores políticos en el sentido aristotélico del término, nos convoquemos para apoyar esa visión. De igual manera, lo que propone este proyecto irlandés, que por décadas estuvo sumergido en guerras fratricidas, es una asignatura pendiente en nuestro Puerto Rico. La propuesta del estado irlandés es provocar un encuentro horizontal de intereses comunes donde el bienestar nacional sea el norte de cualquier propuesta política particular.

En síntesis, la referencia a la propuesta irlandesa, requirió mucha voluntad política de todas las partes, y el obviar la política pequeña que en nuestro caso, ciertamente nos consume como pueblo. Sin duda que Puerto Rico requiere de esta voluntad social y política y la apuesta tiene que ser retomada por nuestro liderato social, político, sindical y civil. Lo que a primera vista podría parecernos simplista, el acuerdo de consenso lo que estaría provocando es empezar a darle continuidad a las políticas públicas y superar la manera partidista y excluyente en la que se arma la administración pública en Puerto Rico.

Ya estamos agotados en la particularidad y en el derrotismo del partidismo que piensa que solo es posible hacerlo si conquistamos el poder. Ilusos los que piensen de esa manera. Me parece que nuestro Puerto Rico esta urgido de buscar unos consensos, que sean producto del dialogo de distintos sectores y con la asesoría de nuestros centros de estudios superiores y bancos de talentos que muchas veces están subestimados en nuestra sociedad. En nuestro caso, no tenemos que acudir a grandes reestructuraciones de orden constitucional, lo que supone es una voluntad política para buscar atender nuestros grandes problemas como sociedad de manera mas integradora. Esto ofrecerá una lógica gubernamental de mayor continuidad que seguramente le será más rentable al estado pero doblemente edificante y eficiente para nuestra sociedad.

Nuestro reto entonces es recuperar la confianza en el proyecto de gobernabilidad y para eso, tenemos que restaurarle credibilidad a nuestras instituciones gubernamentales, como espacio de civilidad y capacitación vital para la transformación de nuestro pueblo.
Enfrentar las crisis de una manera mas sensata desafía permanentemente los retos de nuestra actualización en materia gubernamental, legislativa, y de estructura operacional, en escenarios que son del siglo XXI pero que estamos abordando con conceptos, actitudes, engranajes burocráticos y peor aun, con mentalidades del siglo XIX.
Puerto Rico esta sumergido en un proceso de redefinición de múltiples maneras de un imaginario futuro. El otrora modelo económico que sirvió de ejemplo y exportación por mas de cinco décadas a otras sociedades, ha evidenciado un agotamiento conceptual al igual que poca pertinencia en estas fechas. En esa misma medida, el proyecto sociopolítico, que entonces ocupó espacios de preponderancia y fungió de laboratorio social para reflexionar sobre nuestros entornos de país, hoy tiene que replantearse qué derrotero quiere seguir, que ajustes de actualización, inclusión y reconceptualización de su sociedad quiere producir. El crimen, la “ narco-economía” , la corrupción, la mortalidad física, intelectual y espiritual de un número considerable de nuestros jóvenes, su rescate a nuestra sociedad y su posicionamiento, tiene que ser repensado, no por un capricho de ambiciones mezquina y pequeñas de candidaturas, sino porque el País se sumerge en una mediocridad abismal si no lo retomamos a tiempo.

V. La educación y el futuro de nuestro proyecto
Por tanto, en una sociedad llena de escepticismos y un mundo mediatizado donde el “performance” es mas sustantivo que la búsqueda de la verdad, Puerto Rico, requiere de una mirada hacia su proyecto mas importante: el educativo k-20. El mismo que tiene que ser valorizado y reposicionado por nuestra colectividad. En esa educación es que las sociedades de mayor avance en la pasada década han puesto todas sus energías y por ende sus éxitos. Hace unas semanas, el escritor Thomas Friedman, del New York Times, apuntaba a una comparación de naciones en medio de crisis mundial en su economía y destacaba que en medio del sismo económico, las sociedades que mejor han recuperado y desarrollado, han sido las sociedades asiáticas que se dedicaron por décadas a invertir en su proyecto educativo en función de un proyecto de desarrollo social y económico. La investigación en los centros universitarios y la transformación en la formas de educar, posiciona a sociedades como Corea del Sur, Singapur, o Japón a la vanguardia de sus sociedades.

Durante los pasados ocho años, he retomado mi derrotero académico- investigativo y he dedicado mi tiempo a la investigación social de nuestros niños y jóvenes gracias a los auspicios de la Universidad de Puerto Rico, y la Fundación Ricky Martin. Irónicamente he podido constatar a través de las investigaciones que realizo la escasez de datos, imprecisiones en modelos, la pertinencia o mas bien impertinencias de políticas públicas y la falta de seriedad que muchas veces hay en el manejo de lo publico en nuestro País. De ahí que advierta de la importancia de retomar nuestra agenda social a través de los centros superiores educativos, particularmente los que atienden las investigaciones de índole humanistas y social, que es el corazón de nuestras necesidades como sociedad, y repensar como capitalizamos sus aportaciones a nuestra comunidad.

Cualquier proyecto que se elabore en torno al conocimiento y los saberes tiene que contemplar algunas métricas que son prioridades coyunturales para Puerto Rico. De inmensa prioridad debe estar el ayudar a definir un proyecto nacional que tenga como base el diseño de un proyecto económico sustentable y lo que esto supone para la creación de un modelo de desarrollo a mediano y largo plazo para el País. El éxito de una propuesta en esa dirección debe coadyuvar a aportar a retos tan tangibles como el rescate de nuestra juventud, la educación adecuada, la formulación de un proyecto de economía sustentable y respetuosa del medioambiente entre otras prioridades. Lo anterior debe ocurrir a través del fomento de la investigación con el auspicio de sectores públicos y privados, como exitosamente lo ha hecho Singapur, y con el garante de la formulación de políticas sociales adecuadas, alejadas de la improvisación, el sensacionalismo, y los maniqueos habituales que mediaticamente en ocasiones ocupan los espacios públicos.

Más importante aun, y frente a los desarrollos de las últimas décadas en el deterioro social y mental de nuestro país, nuestras políticas publicas deben fortalecer la visión e implantación de modelos de calidad de vida que sirvan de experimentación en nuestra sociedad, la cual sigue abatida por una economía informal e ilegal, matizada de violencia hacia los sectores mas vulnerables. En esta relación de prioridades, surge la necesidad de que la academia asuma un liderazgo en la experimentación de otros modelos de alianzas sociales multisectoriales que le den espacio a diversas voces que trasciendan a los forjadores de opinión pública en sus lugares comunes del país y que presenten alternativas de proyectos de bienestar y calidad de vida para nuestra sociedad. Las universidades de
nuestro País tienen la misión histórica de replantearse una agenda socioeconómica, humanista, científica y cultural de trabajo del conocimiento, forjando una convocatoria que sirva de mesa de trabajo inclusiva y flexible para entender y proponer proyectos a nuestra realidad como pueblo. Pocos son los espacios de convocatoria en este momento del país que tienen la capacidad de nuestras instituciones de educación superior por sus haberes como comunidad académica, al igual que su experiencia probada en cientos de proyectos que actualmente se desarrollan y sirvan para proponer espacios alternativos a nuestra ciudadanos. Nada más cierto que en el mundo que habitamos, las grandes certezas se diluyen y donde las verdades absolutas han decaído en credibilidad, la reflexión profunda y el trabajo certero del mundo académico debe ocupar un espacio relevante en nuestra sociedad. En ese contexto, la consolidación de los espacios académicos e investigativos de nuestras instituciones, nos permitirá adelantar como pueblo lo que se espera de nosotros en este milenio. La posición de la universidad se ha transformado, su rol cada vez más complejo y más mediatizado por otros protagonistas, le ha quitado el monopolio del conocimiento que en otras épocas tuvo. No obstante, lo que tiene de emblemático y sustantivo nuestras instituciones son la capacidad de sus recursos humanos que tradicionalmente están subutilizados por otras instancias sociales y que de manera certera deben ser dimensionados hacia una agenda de liderazgo frente a la sociedad.

Puerto Rico esta muy lacerado por un desgano social, por un quebranto de su tejido social, familiar y cívico e inclusive moral. Su contrato social se quebró hace varios lustros por un manejo inadecuado de recursos, por un imaginario que nos hizo creer que estamos en el primer mundo y por otras tantas cosas que nos nublaron la vista del futuro. Hoy por tanto, la transformación social no puede estar al margen de lo que puede ser un proyecto de justicia y equidad en el plano social, educativo publico, y económico. El emplazamiento es a superar la tendencia de la sobrevivencia que nos mediocratiza y obligarnos a crecer como pueblo con dignidad, integridad , la misma que Muñoz Rivera tuvo que articular en su momento histórico y con valentía apecho retando las circunstancias sociopolíticas y los esquemas de su época. Aceptemos el reto con la gallardía de ser Boricuas.

Muchas Gracias !!!
Discurso pronunciado en Barranquitas 16 de julio, 2012